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2 dic. 2019

La violencia de los videojuegos y su adicción




Uno de los generadores de violencia, son los videojuegos, que desde la década de los ochenta, se han transformado, en un fenómeno mundial que mueve masas.  A través de los años, los videojuegos han ido evolucionando tanto en su calidad virtual, como en su objetivo de diversión. 
Son pocos los niños y niñas que desconocen a Mario Bros, a Sonic o a otros personajes de videojuegos básicos que se relacionan al competir en base a la perseverancia, sin embargo, la gran demanda de “gamers” en edades pre adolescentes, empuja a las grandes empresas de videojuegos a crear escenarios virtuales llamativos con connotaciones de violencia. Actualmente, se han convertido en uno de los juguetes más vendidos, tanto en niños, jóvenes y adultos, creando adicciones y forjando conductas agresivas, con mucha facilidad, normalizándolos al llamarlos “Juegos”.

No se trata de estigmatizar todos los videojuegos. Sino de hablar de un tipo de videojuegos que están en auge entre los niños, jóvenes y adultos; en donde se resalta la violencia como una forma de entretenimiento y diversión.
En su gran mayoría los videojuegos actuales con más demanda, son aquellos que tienden a fomentar valores contrarios a los que promovemos en la educación, la violencia como alternativa en la resolución de conflictos, la competitividad y el triunfo como metas incuestionables o el poder frente a los débiles o diferentes.

Los valores se interiorizan a través de la relación con la realidad y las personas que nos rodean, siendo que, los videojuegos forman parte de los instrumentos por el cual, el niño comprende el medio cultural al que pertenece. Representando simbolismos sociales y construcciones culturales de nuestro entorno.

Lo peligroso de este modelo de interacción virtual es la prioridad de la victoria sobre la justicia, de la violencia sobre el diálogo o la comprensión. El juego emocionante y que llama la atención,  es aquel que involucra intensamente a sus participantes, donde  hay un ganador y  los demás se conviertan en perdedores. En esta visión de la realidad, el otro diferente a mí, es siempre un rival, un enemigo que debe ser eliminado, en donde la única opción es matar o morir, ganar o perder.

Esta concepción de los videojuegos supone una visión unidimensional de la vida. No hay posibilidad de empatía, de comprender y acercarse al otro. .Se debe actuar, sin piedad ni compasión. La destrucción, la lucha o el combate son los elementos centrales y la finalidad esencial que motivan la acción a través de todo el videojuego.

En este universo virtual no es de extrañar que los comportamientos más inhumanos como la tortura o la guerra, pasen a convertirse en una aventura, en una oportunidad de diversión y entretenimiento.

En los videojuegos, la persona asume el rol de protagonista al punto de identificarse con el personaje, actuar por él, involucrándose en las decisiones que se toman. A demás que los juegos son cada vez son más potentes y permiten una mejor calidad de imagen, añadiendo más realismo a la acción,  por lo cual es muy importante estar alertas, en cuanto al peligro de cómo los videojuegos pueden influenciar en el proceso identificatorio de la fantasía con la realidad.

Los videojuegos, como todo en exceso son malos y pueden generar adicciones. Mucho más cuando se trata de juegos online, aquí el internet juega un papel importante, pues estos nunca llegan a interrumpirse y los jóvenes pueden perder la noción del tiempo y quedarse todo el día jugando,  reduciendo sus relaciones sociales, convirtiéndolas únicamente de manera virtual, lo alejan de sus familiares, amigos; y sus intereses y prioridades pasan a ser otros.  Por lo que es importante poner límites de tiempo y tener control en el uso de los videojuegos.

Generalmente al hablar de adicción pensamos en drogas o alcohol, pero también existe la adicción a los videojuegos y son igual de peligrosos que cualquier adicción.  Cabe recalcar que como toda adicción esta arraigado aspectos personales, tales como problemas emocionales, sentimientos de soledad, estrés, conflictos sin resolver, etc.; y al no tener recursos suficientes de cómo enfrentarlos, se refugian en objetos que llaman su atención convirtiendo así en adicciones, como una manera de escapar del mundo real.

Elaborado por:
Psi. Cl. Nicole Mejía M. y Psi. Cl. Karina Peña A.

24 oct. 2019

Apego aparatos tecnológicos y su influencia en la comunicación


Los hipervínculos ¿han dejado de lado los vínculos esenciales? 

La sociedad actual no solo se encuentra en constante evolución sino en un periodo de transformación a la adaptación a las tecnologías, donde los celulares, tablets, computadoras portátiles y en ellos el internet, las redes sociales, los video juegos ocupan un espacio importante en el proceso de socialización, con notable influencia en el comportamiento y las actitudes de las personas. 

El tema implica una reflexión, pues hoy nuestros niños y adolescentes son considerados como nativos digitales, ya que desde muy pequeños consumen y desarrollan formas de entender el mundo influido por el entorno de las nuevas tecnologías que han ido modificando los vínculos esenciales. Cuando nos referimos a “vínculos esenciales” pensamos en la conexión necesaria de la mirada de la madre al niño cuando lacta, esa mirada de conexión que abre las puertas al mundo social, que emerge a partir de la palabra y la voz que constituye al niño como sujeto de deseo, del ser quien lo acoge en el mundo o la importancia de la regulación de esta relación, en donde entra la función paterna que separa ese diada entre madre e hijo, esto permitirá dar un lugar propio al niño. Se trata de la inclusión del sujeto en una estructura. 

Pero que sucede cuando él vínculo se ve trastocado por un mensaje de texto, el sonido de una nueva publicación, el sonido de la alerta de un mail, es ese momento en el que el niño pasa a un segundo plano; la madre está atenta a la pantalla de su celular, ya no solo atenderá el mensaje inicial sino cuando se da cuenta ha revisado facebook o Instagram, se van movilizando y creando nuevas formas de vinculación de la relación familiar. El niño en su registro ha quedado marcado por un después, por una falta de palabra que lo acoja, estos actos se vuelven repetitivos, los niños van creciendo acompañados de los aparatos tecnológicos cuando comen, cuando juegan, para tenerlos entretenidos, las salidas al parque se registran en fotos y son subidas a redes sociales, mientras que los padres se distraen para ver los likes alcanzados, no hay interacción, no se acompaña al niño en el juego, no se lo convoca a una interrelación con el Otro, así los niños van creando experiencias solos, llamando la atención de sus padres, buscando su mirada. 

En consecuencia a esto los niños van mostrando síntomas de desatención, tropiezos en la vinculación y la socialización, el uso de las llamadas tecnologías de la Información y la Comunicación están presentes en la vida diaria, como elementos importantes y hasta imprescindibles. Cuando van creciendo se convierten en adolescentes enganchados al internet, al celular y a los video juegos, han encontrado por referencia a sus experiencias iniciales de vinculación un medio extraordinario de comunicación, aprendizaje, satisfacción a sus curiosidades y diversión. Es importante considerar que la etapa de la adolescencia es un periodo donde el sujeto se desarrolla a través de las identificaciones y los lazos sociales en donde es marcado no solo por los cambios fisiológicos, sino también por las presentaciones y versiones inéditas de sus síntomas, las singularidades incomparables de las estructuras familiares y las preocupaciones de enfrentarse a la relación con el sexo opuesto, se podría pensar que antes la imposibilidad iba a partir de la palabra de la recreación de los escenarios en donde se veían obligados hablar cara a cara con el Otro para dar cuenta de su existencia. 

Ahora el celular interviene significativamente en la socialización porque se cree que esto puede definir la identidad del adolescente tanto individualmente, como colectivamente, creando un lenguaje especial de grupo, mensajes de texto. Pero al igual que se utiliza como un medio indispensable para establecer contactos y acortar distancias, se muestra como una imposibilidad de crear una relación real con quienes le rodean, en ocasiones muchos adolescentes y adultos no pueden evitar desatender una conversación cara a cara por la irrupción de una llamada o un mensaje; hecho que trastoca las relaciones sociales de forma excesiva y provoca que estén más pendientes de las relaciones telefónicas que de las personales, naturalmente esto influye en los estilos de comunicación ya que existe jóvenes y adultos que hablan mucho a través de un aparato electrónico pero no saben que decir cuando se encuentran cara a cara con el Otro. 

Es así como el tiempo en el espacio virtual, supera el tiempo en el espacio real, en el caso de los niños evitando a que creen juegos simbólicos, que desarrollen la motricidad gruesa adquiriendo destrezas como saltar, correr, gatear, arrastrase, mantenerse atentos a una sola actividad, tener propósito en su accionar y es que es interesante como los pequeños observan a través de video de YouTube como otros niños juegan crean un lazo de comunicación unidireccional sin que pueda tener las herramientas para crear un vínculo real. 

Cuando crecen y entran a la adolescencia el tiempo dedicado al estudio, de interés por instrumentos musicales es sustituido por el manejo de los aparatos tecnológicos. Es importante cuestionarnos ¿De dónde nace el apego a los aparatos tecnológicos? Pero sobre todo ¿quién inicia a los niños y adolescentes en este apego? Si entendemos que los niños aprenden por imitación y repetición es momento de reflexionar como las acciones y formas de vínculos esenciales de los adultos a cargo han sido tocados por este apego, hay que recordar siempre los niños y adolescentes son como un retroproyector lo que pasa en casa lo proyectan en la escuela, en el colegio y en sus relaciones sociales. 

Por: Psc. Cl. María José Varela Hidalgo

1 oct. 2019

Ciberacoso y las redes como relaciones sociales


Actualmente las relaciones sociales se trasladan a las redes sociales, el nivel de popularidad, los seguidores que se tiene, la cantidad de “likes” implica una verificación de la imagen y los vínculos entre los otros, esto se observa con mayor facilidad en los adolescentes que justamente están en un proceso identificatorio y de construcción, pero esta modalidad de establecer vínculos puede valorizar como desvalorizar al sujeto. Cuando esto se traslada a violencia sobrepasa las paredes de la escuela y utiliza como medio de expresión las nuevas tecnologías, sucede lo que se viene denominando como ciberacoso. El maltrato entre iguales a través de los dispositivos móviles o Internet se ha convertido en un problema complejo entre nuestros adolescentes, que suele tener repercusiones indeseables en la convivencia escolar.

La institución es un entorno en el cual los estudiantes se relacionan a partir de los lazos establecidos en el hogar, por lo tanto es de suma importancia el ejemplo y el diálogo que parte desde este. Los responsables del ciberacoso suelen ser adolescentes con poca supervisión de sus padres y con un buen manejo de las tecnologías de la información, además, tienen acceso a dispositivos como la computadora o el teléfono celular.

El agresor, al igual que en el bullying, es alguien que puede tener alguna problemática familiar o personal. En el caso del ciberacoso también pueden ser personas que no tienen amigos y por lo tanto utilizan una computadora o cualquier dispositivo móvil para acosar, intimidar o agredir a otros, incluso, llegan a alterar sus horarios para dormir, pues se desvelan por estar al pendiente de su víctima.

En ocasiones se asocia violencia únicamente a lo que involucra daño físico pero el ciberacoso afecta emocionalmente a las víctimas, pues alguien que es bombardeado por ofensas, amenazas o insultos ve mermada su salud, al no poder dormir, tener pesadillas y terrores nocturnos, sobre todo si la víctima es un niño.

Alguien que es víctima de ciberacoso constantemente está revisando su celular o sus redes sociales para ver si han dicho algo en contra de él o, por el contrario, puede ser el último que se entere de lo que se está hablando sobre su persona. Cuando el estado emocional permanece alterado continuamente o por largos periodos, puede llegar a desencadenarse algún problema de salud física como gastritis o presión arterial elevada, ya que la víctima no duerme, no come y está muy afectada. Inclusive, hay casos en que la personalidad y la vulnerabilidad emocional pueden llevar a un individuo a un intento de suicidio.
 
Desde la comunidad educativa hacer prevención o intervenir en situaciones de ciberacoso va desde la información y/o la formación sobre situaciones de riesgo, hábitos de uso y buenas prácticas saludables con las nuevas tecnologías o gestión adecuada de respuestas ante situaciones de acoso. Logos Academy apegados a La Constitución y el Código de la Niñez y Adolescencia, donde establecen el derecho que tienen los niños y niñas a la integridad física y emocional, busca salvaguardar la convivencia de los estudiantes, por lo que como familia es importante que los representantes, miembros de esta familia académica, compartan con sus representados la importancia sobre no practicar ni hacer caso omiso al ciberacoso, de manera que cuando se lo presencie se pueda denunciarlo.
 
Por todo lo ya mencionado, es necesario que en el hogar exista una socialización del tema, de manera que los estudiantes sean conscientes y comprendan la importancia y el daño físico y mental que puede causar el ciberacoso, la educación moral debe constituir el eje fundamental de las actuaciones tanto familiares como educativas.

Elaborado por:
Psi. Cl. Nicole Mejía Moreira

24 ago. 2019

La escuela de la paz y sana convivencia

imagen: https://tinyurl.com/yya2mcd9
Muchas veces hemos relacionado a la paz con la guerra y viceversa, por los diferentes contextos y escenarios en los que se hace referencia. Históricamente la violencia ha sido utilizada como la estrategia idónea para resolver conflictos de todo tipo, donde el poder y la fuerza como tal son las herramientas para imponerse en un contexto o situación determinada y la resolución pacífica queda en un segundo plano y se convierte en una utopía.
 
Hoy esta realidad no ha variado mucho; abrimos un periódico, vemos una noticia, revisamos un portal web, escuchamos la radio, una canción, revisamos un video en una red social e incluso un videojuego y la violencia salta a la vista, desde la forma más sutil hasta la escena más explícita; es decir, la violencia es vista de forma natural y vivida con cierta normalidad por niños, adolescentes, jóvenes y adultos.
 
Resolver los problemas a base de reacciones violentas y poco pacíficas “son el pan de cada día”; es natural agredir física, verbal, emocional y virtualmente, así como es normal que la deshumanización e insensibilidad crezca en nuestras futuras generaciones porque así está la sociedad y son los nuevos tiempos.
La pregunta es, ¿realmente la violencia y la paz son constructos externos? ¿de donde parte este aprendizaje y esta forma de vivir y convivir?
La respuesta es una sola: LA FAMILIA, es la escuela de la paz y la sana convivencia; es en el seno de la familia donde se forman los valores, herramientas básicas para un desarrollo integral a nivel familiar, económico, cultural y social.
 
La familia es el contexto vincular para los niños/as y adolescentes, y es donde se crean pequeños escenarios para la convivencia.  Es el espacio donde tienen las primeras experiencias de aprendizaje y socialización, que servirán como referencia para comportamientos posteriores.
Igualmente, es allí donde aprenderán a resolver conflictos, a expresar el malestar, el desacuerdo, así como la expresión del afecto, la alegría y la satisfacción. Todo lo enseñado por los padres se convierte en bases sólidas difíciles de derrumbar. Esto los ayudará a no dejarse arrastrar por lo que ocurre en su entorno o afectar por situaciones inapropiadas que reciba del mundo exterior; o por el contrario si dentro del entorno familiar se vive en función de la violencia, discordia, disarmonía; dicha dinámica será el aprendizaje de los niños y jóvenes los cuales trascenderán en otros escenarios:  escuela, colegios trabajo, comunidad, y en todo tipo de vínculo e interacción, familiar, escolar, personal, social, etc.
 
Esto implica la importancia de la coherencia y sentido de vida que ejerzan los padres y cada miembro adulto que tiene contacto con niños y adolescentes a la hora de enseñar a resolver conflictos en el día a día, sea a base de una convivencia pacífica; el camino de la paz o a través de la violencia.
La paz se vive y se aprende en el día a día, en la sana convivencia con los otros, en el respeto, la tolerancia, la sinceridad, en el cumplimiento de las normas y el deber, en el amor y en el respeto de los derechos propios y ajenos, con la empatía, y un equilibrio entre la inteligencia emocional, moral e intelectual empezando por las propias para así poder proyectar, transmitir, comunicar y enseñar adecuadamente a nuestros hijos.
 
Para enseñar una verdadera cultura de paz dentro del interno del hogar hay de partir rompiendo con los mitos y también las viejas creencias sobre la violencia: “si te pegan, pegas”, “los niños no lloran”, “defiéndete como varón”, etc.  El cambio de mentalidad de cada adulto formador y educador, marcará la diferencia en ello, por ende, implica un cambio de actitud en el tratamiento de la resolución de conflictos y la verdadera vivencia de una cultura de paz.

Pasos para la enseñanza de una convivencia pacífica desde el hogar.

Es importante y vital que estos 10 pasos sean y sirvan de referencia para  formar a nuestros niños y adolescentes, como los pilares y herramientas para vivir pacíficamente y aprender a resolver conflictos de forma pacífica.
1. Voluntad:  Es fundamental no dejar que los niños consigan las cosas fácilmente, enseñarles que para obtener buenos resultados se requiere esfuerzo.
2. Exigencia: Permitirle realizar las cosas por sí mismo, superar dificultades y estudiar alternativas. Ser firme en las exigencias y que estén de acuerdo a sus posibilidades.
3. Valentía: Que tengan modelos que los incentiven a la formación de sus valores y que les aporten algo positivo.
4. Respeto:  Desde respetar su cuerpo, a sus padres, a familiares, maestros y a todos los que están a su alrededor, hasta el cuidado de sus cosas.
5. Generosidad: Que tengan un buen referente, en este caso sus padres, dando una limosna, orientando correctamente a alguien u ofreciendo un consejo a un amigo.
6. Cortesía. El dominar sus actos y tener respeto por los demás le permitirá hacer uso de la educación y la amabilidad.
7. Orden. Para que haya armonía en el hogar es esencial este elemento. Cuando hay orden en casa, hay normas y límites, lo que proporciona seguridad a los hijos y enseña a tener disciplina.
8. Honestidad: la práctica dentro del hogar con la veracidad y la integridad en cada acto por más mínimo que sea este, hará entender a nuestros hijos que la transparencia de nuestros actos es lo más importante, diferenciando lo correcto de lo incorrecto de forma clara.
9. El diálogo y la comunicación: demostrar en el día a día a que aprendan a escucharse dentro de una conversación y diálogo tanto lo que piensan y sienten, es la base para la resolución de conflictos, siempre dentro del marco del respeto.
10. Empatía: comprender que todos tenemos sentimientos y emociones, el ponernos en los zapatos del otro es una tarea compleja pero importante, que nuestros hijos entiendan que todo lo que hacemos genera una reacción emocional en el otro sea positiva o negativa es fundamental para que exista la clara conciencia de humanización en la forma de vincularse y tratar a los demás.
 

La vida es un proceso dinámico y cambiante. Es fundamental que las familias desarrollen recursos para adaptarse a los eventos a que están expuestas a lo largo de su ciclo; interactuar y reconocer al otro. Una convivencia saludable se caracteriza por la cercanía, unidad y afecto, sin invadir los espacios personales, permitiendo el desarrollo de la autonomía, el respeto por el otro, por la diferencia; una línea de autoridad clara, firme y humanizada.
Igualmente tener unas reglas y límites bien definidos; lo que se constituye en el escenario adecuado y en una postura de construcción de paz.

Elaborado por:
Psic. Reh. Vanessa Huayamave

 


16 jul. 2019

Violencia intrafamiliar


La violencia intrafamiliar es toda acción u omisión que consiste en maltrato físico, psicológico o sexual, ejecutado por un miembro de la familia en contra de la mujer o demás integrantes del núcleo familiar. La violencia intrafamiliar, es considerada como un problema de seguridad ciudadana, pues afecta a 6 de cada 10 mujeres en el Ecuador. No obstante, los hechos de violencia ocurren casi siempre en el lugar donde se supone es el más seguro para una persona: su hogar, y es cometido por un miembro de su familia, pareja o ex pareja. Los expertos en este tipo de violencia establecen que existen diversas características para identificar a un maltratador: 

  1. Son individuos muy dependientes a nivel emocional que manifiestan dicha dependencia a través de la agresividad. 
  2. Se muestran seguras de sí mismas e incluso aparentan ser altivas; sin embargo suelen tener problemas de autoestima. 
  3. Necesitan humillar para sentirse superiores. 
  4. Es frecuente que tengan carencias afectivas que arrastran desde su infancia o adolescencia. 
  5. Presentan celos patológicos. 
  6. No son capaces de demostrar sus sentimientos. 
A pesar de que este tipo de violencia se encuentra penado por la ley, estos delitos no suelen ser denunciados ya que las víctimas pueden sentir vergüenza, temor o culpa; los expertos insisten y recomiendan a las víctimas que superen el miedo y hagan las denuncias correspondientes para romper con el vínculo violento. La prevención es una de las soluciones, es necesario que el agresor sea tratado por un profesional que le ayude a superar conflictos adquiridos a temprana edad. Se debe enseñar a los niños que los actos de violencia atentan contra la convivencia pacífica. Es necesario el diálogo para tener buenas relaciones y contribuir a la paz y armonía. 

Por: Miss Iliana Vásquez

25 jun. 2019

Compromiso de todos



Actualmente, para algunos o muchos estudiantes la escuela se ha convertido en la fuente de un tipo de violencia del que son víctimas y que ejercen sus propios compañeros, Un empujón que se repite. Un apodo que denigra. Un insulto cada vez que le toca salir a la pizarra. Durante años la intimidación ha formado parte de la vida en el ámbito escolar e incluso en el laboral. En la escuela existen muchas formas de ejercer y sufrir violencia entre pares, se trata del acoso escolar o bullying. El acoso escolar o “bullying” es un hecho, es una realidad a la que nadie, ni padres o madres, ni los docentes, ni los estudiantes deben dar la espalda, es un fenómeno social/escolar al que hay que enfrentarse. Ningún estudiante está exento de que en un momento determinado pueda sufrir algún tipo de maltrato; por ello, hay que estar preparados para intervenir lo antes posible y formados para prevenir. 

En el informe titulado Una mirada en profundidad al acoso escolar en el Ecuador: Violencia entre pares en el sistema educativo basado en investigaciones en el año 2015 se realizó un consenso en donde se define al acoso escolar como “los actos violentos (insultos, apodos ofensivos, agresiones físicas, robos, amenazas u ofensas por redes sociales, mensajes de texto a celular o correo electrónico) que se realizan con frecuencia y de modo intencional entre estudiantes de una institución educativa, en una relación de desequilibrio de poder, y a través de los cuales el acosador busca afirmar su superioridad en el grupo. 

Esta definición incluye los diversos modos de acoso escolar, sus espacios y los rasgos que permiten diferenciarlo de la violencia escolar entre pares” (p. 8). Recientemente, la tecnología y los medios de contacto social se han convertido en un nuevo vehículo de este mal que ha ampliado su alcance. Ejemplo de ello es el “acoso cibernético” (cyberbullying) que se lleva a cabo en Internet y con teléfonos celulares. 

El acoso escolar resulta una lamentable realidad derivada de la violencia propia del momento actual de nuestra sociedad. Un ejemplo de ello son las series sobre “narcos” en la televisión generando estereotipos falsos que podrían confundir a niños y jóvenes. Juegos de videos con asaltantes como protagonistas en los que sumas puntos cuando matas y la violencia intrafamiliar. 

Es compromiso de todos la prevención y erradicación del acoso escolar, que el respeto, la empatía, la armonía primen en el ambiente familiar, observando a nuestros hijos, escuchando lo que dicen, para así brindarle las herramientas adecuadas y poder enfrentar cualquier situación de acoso. La escuela debe ser un espacio en que los niños y adolescentes se sientan seguros mediante acciones educativas que ayuden a mejorar la convivencia escolar y esto repercutirá positivamente en el desarrollo integral de los estudiantes.

2 may. 2019

La palabra del niño y niña en la prevención del abuso sexual infantil


El abuso sexual infantil es una problemática que ha permanecido acallada dentro del malestar cultural. Resulta aún hoy muy incómodo hablar desde ciertas esferas y sectores sociales sobre esta dura realidad que golpea a nuestros niños y niñas. La literatura demuestra que la primera reacción de los cuidadores de los niños y niñas, ante la manifestación de un posible abuso sexual (por ejemplo, en los juegos hipersexualizados) es de angustia y, ante la interpelación del cuidador (entiéndase como el padre, la madre o un familiar a cargo del niño/a) sobre la dinámica observada, la respuesta del adulto es la increencia. 

El planteamiento ético desde la atención terapéutica se debate en reconocer plenamente a un niño o una niña como un sujeto. ¿Qué significa esto? Pues es la posición de reconocer que en ese niño y niña se encuentra una subjetividad que merece respeto y cuyas palabras deben ser atendidas y escuchadas; que en esa subjetividad en construcción acontecen eventos que pueden acarrear dolor y sufrimiento, muy por el contrario al famoso prejuicio de que la infancia es una etapa de “color de rosa”. 

La famosa psicoanalista francesa Francoise Doltó, quien mantuvo una clínica especializada en la atención a niños/as, logró transmitir que efectivamente la palabra del niño/a tiene un valor fundamental, de carácter simbólico, frente a su posición en el mundo: su manera de entender las diversas etapas que atraviesa; la forma de vivir su afectividad con sus pares y con los adultos; la posición que ocupa dentro de la familia y, que en el mejor de los casos, se reconoce al niño/a como un ser humano deseado en amor dentro de la pareja parental. 

Pero, un evento de alto nivel traumático como un abuso sexual, puede dejar al niño o niña sin palabras. De ahí la sutileza clínica de poder leer en los síntomas (juegos, actos, dibujos) las impresiones de una posible violencia de carácter sexual. Considero que, la primera medida de prevención ante esta triste problemática es la de reconocer plenamente a nuestros niñas y niños como seres humanos plenos. De ahí que, la creencia en sus palabras, podría permitir tomar medidas oportunas para detener a tiempo un posible abuso sexual. Es importante que los padres y las madres puedan detenerse en medio de la velocidad del ritmo del día a día, para poder escuchar a nuestros hijos e hijas. Por eso la invitación ética también es con las familias: escuchemos a nuestros niños y niñas. 

Por: Psic. Clín. Alvaro Rendón Chasi