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24 ago. 2019

La escuela de la paz y sana convivencia

imagen: https://tinyurl.com/yya2mcd9
Muchas veces hemos relacionado a la paz con la guerra y viceversa, por los diferentes contextos y escenarios en los que se hace referencia. Históricamente la violencia ha sido utilizada como la estrategia idónea para resolver conflictos de todo tipo, donde el poder y la fuerza como tal son las herramientas para imponerse en un contexto o situación determinada y la resolución pacífica queda en un segundo plano y se convierte en una utopía.
 
Hoy esta realidad no ha variado mucho; abrimos un periódico, vemos una noticia, revisamos un portal web, escuchamos la radio, una canción, revisamos un video en una red social e incluso un videojuego y la violencia salta a la vista, desde la forma más sutil hasta la escena más explícita; es decir, la violencia es vista de forma natural y vivida con cierta normalidad por niños, adolescentes, jóvenes y adultos.
 
Resolver los problemas a base de reacciones violentas y poco pacíficas “son el pan de cada día”; es natural agredir física, verbal, emocional y virtualmente, así como es normal que la deshumanización e insensibilidad crezca en nuestras futuras generaciones porque así está la sociedad y son los nuevos tiempos.
La pregunta es, ¿realmente la violencia y la paz son constructos externos? ¿de donde parte este aprendizaje y esta forma de vivir y convivir?
La respuesta es una sola: LA FAMILIA, es la escuela de la paz y la sana convivencia; es en el seno de la familia donde se forman los valores, herramientas básicas para un desarrollo integral a nivel familiar, económico, cultural y social.
 
La familia es el contexto vincular para los niños/as y adolescentes, y es donde se crean pequeños escenarios para la convivencia.  Es el espacio donde tienen las primeras experiencias de aprendizaje y socialización, que servirán como referencia para comportamientos posteriores.
Igualmente, es allí donde aprenderán a resolver conflictos, a expresar el malestar, el desacuerdo, así como la expresión del afecto, la alegría y la satisfacción. Todo lo enseñado por los padres se convierte en bases sólidas difíciles de derrumbar. Esto los ayudará a no dejarse arrastrar por lo que ocurre en su entorno o afectar por situaciones inapropiadas que reciba del mundo exterior; o por el contrario si dentro del entorno familiar se vive en función de la violencia, discordia, disarmonía; dicha dinámica será el aprendizaje de los niños y jóvenes los cuales trascenderán en otros escenarios:  escuela, colegios trabajo, comunidad, y en todo tipo de vínculo e interacción, familiar, escolar, personal, social, etc.
 
Esto implica la importancia de la coherencia y sentido de vida que ejerzan los padres y cada miembro adulto que tiene contacto con niños y adolescentes a la hora de enseñar a resolver conflictos en el día a día, sea a base de una convivencia pacífica; el camino de la paz o a través de la violencia.
La paz se vive y se aprende en el día a día, en la sana convivencia con los otros, en el respeto, la tolerancia, la sinceridad, en el cumplimiento de las normas y el deber, en el amor y en el respeto de los derechos propios y ajenos, con la empatía, y un equilibrio entre la inteligencia emocional, moral e intelectual empezando por las propias para así poder proyectar, transmitir, comunicar y enseñar adecuadamente a nuestros hijos.
 
Para enseñar una verdadera cultura de paz dentro del interno del hogar hay de partir rompiendo con los mitos y también las viejas creencias sobre la violencia: “si te pegan, pegas”, “los niños no lloran”, “defiéndete como varón”, etc.  El cambio de mentalidad de cada adulto formador y educador, marcará la diferencia en ello, por ende, implica un cambio de actitud en el tratamiento de la resolución de conflictos y la verdadera vivencia de una cultura de paz.
Pasos para la enseñanza de una convivencia pacífica desde el hogar.

Es importante y vital que estos 10 pasos sean y sirvan de referencia para  formar a nuestros niños y adolescentes, como los pilares y herramientas para vivir pacíficamente y aprender a resolver conflictos de forma pacífica.
1.    Voluntad:  Es fundamental no dejar que los niños consigan las cosas fácilmente, enseñarles que para obtener buenos resultados se requiere esfuerzo.
2.    Exigencia: Permitirle realizar las cosas por sí mismo, superar dificultades y estudiar alternativas. Ser firme en las exigencias y que estén de acuerdo a sus posibilidades.
3.    Valentía: Que tengan modelos que los incentiven a la formación de sus valores y que les aporten algo positivo.
4.    Respeto:  Desde respetar su cuerpo, a sus padres, a familiares, maestros y a todos los que están a su alrededor, hasta el cuidado de sus cosas.
5.    Generosidad: Que tengan un buen referente, en este caso sus padres, dando una limosna, orientando correctamente a alguien u ofreciendo un consejo a un amigo.
6.     Cortesía. El dominar sus actos y tener respeto por los demás le permitirá hacer uso de la educación y la amabilidad.
7.    Orden. Para que haya armonía en el hogar es esencial este elemento. Cuando hay orden en casa, hay normas y límites, lo que proporciona seguridad a los hijos y enseña a tener disciplina.
8.     Honestidad: la práctica dentro del hogar con la veracidad y la integridad en cada acto por más mínimo que sea este, hará entender a nuestros hijos que la transparencia de nuestros actos es lo más importante, diferenciando lo correcto de lo incorrecto de forma clara.
9.    El diálogo y la comunicación: demostrar en el día a día a que aprendan a escucharse dentro de una conversación y diálogo tanto lo que piensan y sienten, es la base para la resolución de conflictos, siempre dentro del marco del respeto.
10.    Empatía: comprender que todos tenemos sentimientos y emociones, el ponernos en los zapatos del otro es una tarea compleja pero importante, que nuestros hijos entiendan que todo lo que hacemos genera una reacción emocional en el otro sea positiva o negativa es fundamental para que exista la clara conciencia de humanización en la forma de vincularse y tratar a los demás.
 

La vida es un proceso dinámico y cambiante. Es fundamental que las familias desarrollen recursos para adaptarse a los eventos a que están expuestas a lo largo de su ciclo; interactuar y reconocer al otro. Una convivencia saludable se caracteriza por la cercanía, unidad y afecto, sin invadir los espacios personales, permitiendo el desarrollo de la autonomía, el respeto por el otro, por la diferencia; una línea de autoridad clara, firme y humanizada.
Igualmente tener unas reglas y límites bien definidos; lo que se constituye en el escenario adecuado y en una postura de construcción de paz.

Elaborado por:
Psic. Reh. Vanessa Huayamave

 


16 jul. 2019

Violencia intrafamiliar


La violencia intrafamiliar es toda acción u omisión que consiste en maltrato físico, psicológico o sexual, ejecutado por un miembro de la familia en contra de la mujer o demás integrantes del núcleo familiar. La violencia intrafamiliar, es considerada como un problema de seguridad ciudadana, pues afecta a 6 de cada 10 mujeres en el Ecuador. No obstante, los hechos de violencia ocurren casi siempre en el lugar donde se supone es el más seguro para una persona: su hogar, y es cometido por un miembro de su familia, pareja o ex pareja. Los expertos en este tipo de violencia establecen que existen diversas características para identificar a un maltratador: 

  1. Son individuos muy dependientes a nivel emocional que manifiestan dicha dependencia a través de la agresividad. 
  2. Se muestran seguras de sí mismas e incluso aparentan ser altivas; sin embargo suelen tener problemas de autoestima. 
  3. Necesitan humillar para sentirse superiores. 
  4. Es frecuente que tengan carencias afectivas que arrastran desde su infancia o adolescencia. 
  5. Presentan celos patológicos. 
  6. No son capaces de demostrar sus sentimientos. 
A pesar de que este tipo de violencia se encuentra penado por la ley, estos delitos no suelen ser denunciados ya que las víctimas pueden sentir vergüenza, temor o culpa; los expertos insisten y recomiendan a las víctimas que superen el miedo y hagan las denuncias correspondientes para romper con el vínculo violento. La prevención es una de las soluciones, es necesario que el agresor sea tratado por un profesional que le ayude a superar conflictos adquiridos a temprana edad. Se debe enseñar a los niños que los actos de violencia atentan contra la convivencia pacífica. Es necesario el diálogo para tener buenas relaciones y contribuir a la paz y armonía. 

Por: Miss Iliana Vásquez

25 jun. 2019

Compromiso de todos



Actualmente, para algunos o muchos estudiantes la escuela se ha convertido en la fuente de un tipo de violencia del que son víctimas y que ejercen sus propios compañeros, Un empujón que se repite. Un apodo que denigra. Un insulto cada vez que le toca salir a la pizarra. Durante años la intimidación ha formado parte de la vida en el ámbito escolar e incluso en el laboral. En la escuela existen muchas formas de ejercer y sufrir violencia entre pares, se trata del acoso escolar o bullying. El acoso escolar o “bullying” es un hecho, es una realidad a la que nadie, ni padres o madres, ni los docentes, ni los estudiantes deben dar la espalda, es un fenómeno social/escolar al que hay que enfrentarse. Ningún estudiante está exento de que en un momento determinado pueda sufrir algún tipo de maltrato; por ello, hay que estar preparados para intervenir lo antes posible y formados para prevenir. 

En el informe titulado Una mirada en profundidad al acoso escolar en el Ecuador: Violencia entre pares en el sistema educativo basado en investigaciones en el año 2015 se realizó un consenso en donde se define al acoso escolar como “los actos violentos (insultos, apodos ofensivos, agresiones físicas, robos, amenazas u ofensas por redes sociales, mensajes de texto a celular o correo electrónico) que se realizan con frecuencia y de modo intencional entre estudiantes de una institución educativa, en una relación de desequilibrio de poder, y a través de los cuales el acosador busca afirmar su superioridad en el grupo. 

Esta definición incluye los diversos modos de acoso escolar, sus espacios y los rasgos que permiten diferenciarlo de la violencia escolar entre pares” (p. 8). Recientemente, la tecnología y los medios de contacto social se han convertido en un nuevo vehículo de este mal que ha ampliado su alcance. Ejemplo de ello es el “acoso cibernético” (cyberbullying) que se lleva a cabo en Internet y con teléfonos celulares. 

El acoso escolar resulta una lamentable realidad derivada de la violencia propia del momento actual de nuestra sociedad. Un ejemplo de ello son las series sobre “narcos” en la televisión generando estereotipos falsos que podrían confundir a niños y jóvenes. Juegos de videos con asaltantes como protagonistas en los que sumas puntos cuando matas y la violencia intrafamiliar. 

Es compromiso de todos la prevención y erradicación del acoso escolar, que el respeto, la empatía, la armonía primen en el ambiente familiar, observando a nuestros hijos, escuchando lo que dicen, para así brindarle las herramientas adecuadas y poder enfrentar cualquier situación de acoso. La escuela debe ser un espacio en que los niños y adolescentes se sientan seguros mediante acciones educativas que ayuden a mejorar la convivencia escolar y esto repercutirá positivamente en el desarrollo integral de los estudiantes.

2 may. 2019

La palabra del niño y niña en la prevención del abuso sexual infantil


El abuso sexual infantil es una problemática que ha permanecido acallada dentro del malestar cultural. Resulta aún hoy muy incómodo hablar desde ciertas esferas y sectores sociales sobre esta dura realidad que golpea a nuestros niños y niñas. La literatura demuestra que la primera reacción de los cuidadores de los niños y niñas, ante la manifestación de un posible abuso sexual (por ejemplo, en los juegos hipersexualizados) es de angustia y, ante la interpelación del cuidador (entiéndase como el padre, la madre o un familiar a cargo del niño/a) sobre la dinámica observada, la respuesta del adulto es la increencia. 

El planteamiento ético desde la atención terapéutica se debate en reconocer plenamente a un niño o una niña como un sujeto. ¿Qué significa esto? Pues es la posición de reconocer que en ese niño y niña se encuentra una subjetividad que merece respeto y cuyas palabras deben ser atendidas y escuchadas; que en esa subjetividad en construcción acontecen eventos que pueden acarrear dolor y sufrimiento, muy por el contrario al famoso prejuicio de que la infancia es una etapa de “color de rosa”. 

La famosa psicoanalista francesa Francoise Doltó, quien mantuvo una clínica especializada en la atención a niños/as, logró transmitir que efectivamente la palabra del niño/a tiene un valor fundamental, de carácter simbólico, frente a su posición en el mundo: su manera de entender las diversas etapas que atraviesa; la forma de vivir su afectividad con sus pares y con los adultos; la posición que ocupa dentro de la familia y, que en el mejor de los casos, se reconoce al niño/a como un ser humano deseado en amor dentro de la pareja parental. 

Pero, un evento de alto nivel traumático como un abuso sexual, puede dejar al niño o niña sin palabras. De ahí la sutileza clínica de poder leer en los síntomas (juegos, actos, dibujos) las impresiones de una posible violencia de carácter sexual. Considero que, la primera medida de prevención ante esta triste problemática es la de reconocer plenamente a nuestros niñas y niños como seres humanos plenos. De ahí que, la creencia en sus palabras, podría permitir tomar medidas oportunas para detener a tiempo un posible abuso sexual. Es importante que los padres y las madres puedan detenerse en medio de la velocidad del ritmo del día a día, para poder escuchar a nuestros hijos e hijas. Por eso la invitación ética también es con las familias: escuchemos a nuestros niños y niñas. 

Por: Psic. Clín. Alvaro Rendón Chasi