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28 jul. 2011

¿Por qué las normas y los límites son necesarios?


















Aunque suponen un mayor gasto energético, pues se ha de vigilar su cumplimiento, marcar límites a los niños se hace necesario, ya que:

- Dan seguridad y protección:

- si el niño es más fuerte que los padres, no se podrá sentir protegido por ellos.

- Permite predecir la reacción de los padres ante determinadas situaciones y comportamientos.

- Ayudan al niño a tener claros determinados criterios sobre las cosas. Son una referencia.

- Enseñan al niño a saber renunciar a sus deseos, y ello le prepara para situaciones similares que la vida le deparará.
¿Qué hace que a algunos padres les cueste poner límites a sus hijos ?
Puede tratarse de:

- Padres que sienten que no tienen energías suficientes para enfrentarse a sus hijos.

- O padres que intentan, de esta forma, compensar el poco tiempo de dedicación que les pueden dar.

- O padres inseguros y con poca autoestima, que desean ser aceptados por sus hijos, y que no confían en sus propias decisiones ni en su capacidad para defenderlas.

- O padres que, entre sí, tienen opiniones distintas sobre una misma situación, e infravaloran o desacreditan el juicio del otro progenitor. No hay respeto entre ellos.
En estos casos, se hace necesario el asesoramiento y seguimiento de la situación, por parte de algún especialista..


¿Qué es lo realmente perjudicial para el desarrollo del niño?
Todas las situaciones extremas perjudican el crecimiento y desarrollo del niño:

- Tanto el establecer unos límites o normas demasiado estrictas o excesivas en cuanto a cantidad, pues ello no dejaría crecer al niño.

- Como el no poner ningún tipo de límites a su comportamiento. Las consecuencias de esta actitud darán lugar a un niño que no tiene nunca suficiente, cuyas exigencias son cada vez más elevadas y donde las negativas serán cada vez vividas de forma peor. Estaremos pues ante un niño, con gran dificultad en postergar la satisfacción de sus deseos, con lo que ello supone. Su autoestima quedará ligada a la posesión material de cosas, regalos,...es decir, una alta dependencia de las cosas materiales.

¿Qué condiciones son fundamentales para poder establecer con éxito los límites a nuestros hijos?
Para que el niño se muestre dispuesto a aceptar las normas o los límites marcados por los padres, es necesario que se cumplan otras condiciones:
- Que exista un buen clima familiar, de afecto y cariño.

- Los padres deben estar convencidos de aquello que exigen y, por tanto, han de luchar para su cumplimiento.

- Las normas marcadas por los padres han de ser claras y realmente necesarias, y, por tanto, no han de ser excesivas, pues ello acabaría por convertirlas a todas en ineficaces.

- Los padres deben comportarse de forma coherente a lo exigido, pues con el ejemplo también se enseña; por tanto, han de ser consecuentes con el modo habitual de hacer en casa.


- Es normal y habitual que el niño quiera probar, con su actitud y con su conducta, hasta dónde puede llegar y cuál es la reacción de los padres si se sobrepasa el límite marcado.
Es, en ese momento, cuando hay que mostrarse firmes, pues si se cede, después costará mucho más retomar nuevamente el respeto de esas normas.

- Todo ello, no excluye (si bien al contrario) la necesidad de que los padres adopten una mentalidad flexible que les permita ir adaptando esas normas a la situación, al momento y edad concreta del niño

Tiempo con los hijos, ¿importa la calidad o la cantidad?

Respuestas del Dr. Dobson. El más notable psicólogo de Norteamérica

Tomado del libro “Criando niños”.

Mi esposa y yo estamos extremadamente ocupados durante esta época de nuestras vidas. Mi trabajo me obliga a viajar varios días a la semana y mi esposa ha tenido mucho éxito como agente de bienes raíces. Sinceramente, no podemos pasar mucho tiempo con nuestros tres hijos, pero les damos toda nuestra atención cuando estamos juntos. Mi esposa y yo quisiéramos tener mas tiempo para la familia, pero nos consuela el saber que lo que realmente importa no es la cantidad de tiempo que los padres e hijos pasen juntos. Sino la calidad. ¿está usted de acuerdo con esta declaración?

Hay algo de verdad en la mayoría de las ideas populares, y ésta no es una excepción. Todos podemos estar de acuerdo en que no hay ningún beneficio en estar con nuestros hijos siete días a la semana si estamos enojados, somos opresivos, no lo criamos como debiéramos o somos caprichosos con ellos. Pero aparte de eso, la idea da la calidad en contraste con la cantidad no tiene ninguna base. Dicho de manera sencilla, esa dicotomía no se tolera en cualquier otro aspecto de nuestras vidas, entonces, ¿por qué la aplicamos solamente a los niños?

Permítame darle un consejo de esto. Supongamos que usted tiene mucha hambre, pero no ha comido en todo el día. Usted va al mejor restaurante de la ciudad y pide que le sirvan el mejor filete, asado en el menú. El camarero regresa en 20 minutos después con la comida. En el centro del plato grande hay un pequeño pedazo de carne, de dos centímetros cuadrados, acompañado de pedazo de papa.

Usted se queja vigorosamente al camarero:” ¿a esto le llama usted una cena de filete asado?.
El camarero contesta señor como puede usted criticarnos antes de probar la carne? Le he traído dos centímetros cuadrados de la mejor carne que hay. Está preparada a la perfección, sazonada con cuidado y caliente. Incluso, dudo que pudiera comprar mejor carne que ésta en otro lugar de la cuidad. Confieso que el pedazo es algo chico, pero después de todo, señor, todos saben que cuando se trata de una cena de filete, no importa, no importa la cantidad sino la calidad.

“¡eso es ridículo!”, exclama usted, y yo le doy la razón. La sutileza de esta frase tan sencilla, es que pone dos virtudes necesarias en oposición, y nos invita a escoger entre las dos. Si la cantidad y la calidad son ingredientes que valen la pena en nuestras relaciones familiares, entonces ¿por qué no les damos ambas?. No es suficiente echarles ocasionalmente a nuestros hijos “hambrientos” un bocado de carne, aunque sea la mejor calidad.

Sin ninguna intención de faltarle al respeto a usted por haberme hecho esta pregunta, quiero decirle que mi preocupación es que quizás la idea de calidad en contraste con la cantidad ha llegado a ser una racionalización para no darles a nuestros hijos, ninguna de las dos cosas. Esta frase la usan muchos padres que tienen demasiados compromisos, están agobiados y se sienten culpables por el poco tiempo que pasan con sus hijos. Sus niños y niñas están en los centros de cuidado infantil por día y con las niñeras por la noche, lo cual les deja poco tiempo para las actividades tradicionales relacionadas con la crianza de los niños. Y para enfrentar la incomodidad que sienten por desatender a sus hijos, mamá y papá se agarran de una frase que les hace sentir que todo está bien: “bueno, no importa la cantidad de tiempo, sino la calidad del tiempo que estamos juntos”. Yo insisto en que simplemente esta generalización conveniente no tiene fundamento.

¿Económicamente nos resulta imposible hacer viajes largos en autos, o tener pasatiempos costosos ¿podría usted sugerir algunas tradiciones simples que sean de interés para los niños pequeños?

Usted no tiene que gastar mucho dinero para mantener una vida familiar significativa. A los niños les gustan las actividades simples de la rutina de todos los días. Se divierten mucho escuchando mil veces las mismas historias, y se ríen de las mismas bromas hasta que usted se está volviendo loco por repetirlas tanto. Usted puede transformar los quehaceres rutinarios en momentos de entusiasmo y de imaginación. La clave es la repetición, lo cual comunica un sentir de tradición.

Permítame dar un ejemplo. Cuando mis hijos eran pequeños, yo trataba de acostarlos por las noches cada vez que me era posible. Al llegar esa hora de la noche, mi esposa se encontraba agotada y estaba muy agradecida por mi ayuda. Además, eso me garantizaba estar con los niños, por lo menos 15ó 20 minutos, por muy ocupado que hubiera estado ese día.

La responsabilidad incluía ponerle el pañal a Ryan durante los primeros tres años de su vida. (le tomó un poco de tiempo superar esa necesidad, como con todos los niños) pensé que si tenía que ponerle el pañal a un niño que no paraba de moverse, más valía que yo transformara la actividad en algo que fuera divertido para ambos. Así que, cada noche teníamos un pequeño juego. Me ponía a hablarles a los imperdibles mientras estaba poniéndole el pañal a mi hijo. Les decía: “imperdibles no pinchen a Ryan. Mírenlo, él está quieto ahora; no se está retorciendo. Esta noche no tienen que pincharlo quizá tengan que hacerlo mañana por la noche, pero no lo pinchen esta noche.” ¡A Ryan le gustaba muchísimo aquel juego! Se quedaba quieto escuchando, con los ojos bien abiertos. Si se movía demasiado, yo le rozaba la pierna con la punta del imperdible, sin hacerle daño, pero de una forma en que él lo sintiera. Entonces Ryan me miraba y me decía: “¡Esos imperdibles malos me pincharon, papa! Los dos sonreíamos. Cada noche, sin falta, Ryan me decía: “¡Háblales a los imperdibles, papá!” Eso fue algo que hacíamos juntos y se convirtió una actividad rutinaria en un momento verdaderamente agradable entre padre e hijo.

Eso me recuerda lo que Howard Hendricks dijo cuando sus hijos habían crecido. Les pregunto a ellos que era lo que habían disfrutado más durante la infancia: las vacaciones que habían tenido, los parques que habían visitado, y todos los momentos de diversión que habían compartido. La respuesta de ellos le sorprendió. Lo que apreciaban más ¡eran las ocasiones en que él se había puesto a jugar luchando con ellos en el piso!

Mi hija pensaba lo mismo cuando era pequeña. ¡Prefería jugar luchando conmigo que ir al parque de atracciones o al zoológico! Después me daba las gracias por haber luchado con ella. Por alguna razón, a los niños les gusta este tipo de juego. (Debo agregar que a las madres no les gusta.) Existe una clase de amor informal que se manifiesta al luchar juguetonamente como no lo hace de ninguna otra manera.

También me gusta la idea de reservar una noche a la semana para pasar un tiempo en familia leyendo algo en voz alta. A veces esto es difícil de lograr cuando los hijos tienen diferentes edades, pero si hay pocos años de diferencia entre ellos es una gran actividad. Usted puede leer un libro infantil famoso, u otros libros que han sido muy populares a través de los años. La idea es leer juntos como familia.

En resumen, creo que muchas personas han olvidado el valor de las características y las actividades que identifican a las familias como únicas y distintas. Este beneficio se ilustró de manera hermosa en la obra musical titulada: Violinista en el tejado. ¿Qué fue lo que le dio estabilidad y equilibrio al violinista en su posición tan peligrosa? Fue la tradición, la cual demostraba a todos quién era él. Yo quiero dejarles la herencia de una tradición a mis hijos.

Saludos afectuosos.
Lic. Andrea Loayza M.

5 jul. 2011

¿CÓMO HACER HIJOS RESPONSABLES?



Hoy en día el desarrollar esta virtud en los hijos, se ha convertido en el verdadero reto para los padres; sin embargo es difícil creer que desde los primeros años se debe de ir realizando acciones como padres para desarrollarlo y que se ve reflejado cuando ellos abren camino en una sociedad tan demandante como es el de ahora, porque la responsabilidad es sinónimo de madurez, esa madurez emocional que se va cultivando con la ayuda de los padres.

Es por eso señores padres de familia que debemos juntos trabajar en esa responsabilidad que se evidencia en cada acto de nuestros hijos, sin esperar que sean grandes porque el forjar esta virtud es tarea desde el principio.

Entre los tips a considerar y que puedo compartir con ustedes por más que sus hijos tengan dos o tres años, se debe de:

• Enseñarle hacer la maleta desde temprana edad
• Inculcarle que es capaz de hacer muchas cosas
• Enseñarle a guardar sus materiales desde temprana edad
• Evitar acusar o señalar sin antes investigar situaciones que le pasan en su entorno y solo quedarse con la versión de su hijo.
• Bajar la intensidad de la sobreprotección, recuerde que ellos crecen y lo que vamos guardando en su mente, será imborrable
• Tratemos de ver más allá, sin vendas en los ojos, comparándolo con sus iguales, solo así puedo determinar si mi hijo está creciendo físicamente y emocionalmente
• Recuerde que la parte emocional es lo más esencial en el ser humano y este desarrollo se lo da en el entorno familia, en el día a día, dejándolo crecer con sus aciertos y errores
• Ser firmes ante un no cuando así amerite
• Retirarlo de la habitación matrimonial lo más pronto posible
• No dar regalos ni premios sin ningún motivo
• Dejar que tomen unas cucharadas de comida a solas, que escojan la ropa para vestirse, que tomen pequeñas decisiones, etc, que lo hagan solo
• Que cumplan encargos
• Aceptar sus errores, con los errores, aprenderán a rectificar. Dice el dicho castellano: "Nadie escarmienta en cabeza ajena".
• La administración del dinero. ¿Qué tenemos que hacer para que comprendan que las cosas cuestan y que los dineros se han de saber administrar? Es probable que a 7 o 8 años hayan comprado algo para nosotros, o bien para ellos mismos: lápices, golosinas, un juguete... Parece interesante que más o menos a esta edad, o como máximo a los 10 o 11 años tengan asignada una cantidad periódica y fija para estos pequeños gastos.

14 jun. 2011

Padres malos



Ref. Web: Pensamientos

(Dr. Carlos Hecktheuer, Medico Psiquiatra) "Un día, cuando mis hijos estén lo suficientemente crecidos para entender la lógica que motiva a los padres y madres, yo habré de decirles:"

- Los amé lo suficiente como para haberles preguntado a dónde iban, con quién iban y a qué hora regresarían.

- Los amé lo suficiente para no haberme quedado callado y para hacerles saber, aunque no les gustara, que aquél nuevo amigo no era buena compañía.

- Los amé lo suficiente para hacerles pagar las golosinas que tomaron del supermercado o las revistas del expendio, y hacerles decir al dueño: Nosotros nos llevamos esto ayer y queremos pagarlo.

- Los amé lo suficiente como para haber permanecido de pie dos horas, junto a ustedes, mientras limpiaban su cuarto, tarea que yo habría hecho en 15 minutos.

- Los amé lo suficiente para dejarles ver además del amor que sentía por ustedes, la decepción y también las lágrimas en mis ojos.

- Los amé lo suficiente para dejarlos asumir la responsabilidad de sus acciones, aún cuando las penalidades eran tan duras que me partían el corazón.

- Y ante todo, los amé lo suficiente para decirles NO, cuando sabía que ustedes podrían odiarme por eso (y en algunos momentos sé que me odiaron).

Ésas eran las batallas más difíciles de todas. Estoy contento, vencí... porque al final ustedes ganaron también!!!

Y cualquiera de estos días, cuando mis nietos hayan crecido lo suficiente para entender la lógica que motiva a los padres y madres, cuando ellos les pregunten si sus padres eran malos, mis hijos les dirán:

"Sí, nuestros padres eran malos. Eran los padres más malos del mundo... Los otros chicos comían golosinas en el desayuno y nosotros teníamos que comer cereales, huevo y tostadas. Los otros chicos bebían gaseosas y comían papas fritas y helados en el almuerzo y nosotros teníamos que comer arroz, carne, verduras y frutas.

Mamá y Papá tenía que saber quienes eran nuestros amigos y que hacíamos con ellos.

Insistían en que le dijéramos con quién íbamos a salir, aunque demoráramos apenas una hora o menos. Ellos nos insistían siempre para que le dijéramos siempre la verdad y nada más que la verdad. Y cuando éramos adolescentes, no sé cómo, y hasta conseguían leernos el pensamiento.

¡Nuestra vida sí que era pesada!

Ellos no permitían que nuestros amigos nos tocaran el claxon para que saliéramos; tenían que bajar, tocar la puerta y entrar para que ella los conociera.

A los 12 años, todos podían volver tarde por la noche, nosotros tuvimos que esperar como hasta los 16 para poder hacerlo, y aquellos pesados se levantaban para saber si la fiesta había estado buena (sólo para ver en qué estado nos encontrábamos al volver).

Por culpa de nuestros padres, nos perdimos inmensas experiencias en la adolescencia.

Ninguno de nosotros estuvo envuelto en problema de drogas, robos, actos de vandalismo, violación de propiedad, ni estuvimos presos por ningún crimen.

TODO FUE POR CULPA DE ELLOS!

Ahora que somos adultos, honestos y educados, estamos haciendo lo mejor para ser "PADRES MALOS", como fueron nuestros padres.

YO CREO QUE ESTE ES UNO DE LOS MALES DEL MUNDO DE HOY:

NO HAY SUFICIENTES PADRES MALOS!"

¡Aquéllos que ya son padres, que no se culpen, y aquéllos que lo serán, que esto les sirva como una alerta!

24 may. 2011

APRENDIENDO A CARGAR PAQUETES


















Se te olvidó papá, enseñarme a llevar paquetes.

¿Cuándo se contó conmigo en casa? ¿Cuándo tuve que recoger a mis hermanos del colegio?. Ayer mandaste al chofer a hacer mis trámites que necesitaba para la Universidad. Se te olvidó papá, dejarme pagar mi colegiatura. ¿Cuándo tuve que lavar el coche los domingos y arreglar el jardín, recoger las hojas y sacar al perro y bañarlo, lustrar mis zapatos diariamente? ¿Porqué no me mandaste a comprar las medicinas a la farmacia o recibir el gas y pagarlo?


En vacaciones, ¿porqué no fui a la fábrica a empacar zapatos?, ¿Porqué no escogía yo mi ropa y la cambiaba si no me gustaba?, ¿Porqué no compré yo solo algo que me gustaba cuando tenía mi propio dinero, sin que tú me dijeras que comprar?.

Mamá, ¿porqué me dejabas sin ir a comprar leche cuando yo repelaba?. ¡Se te olvidó ser firme y mandarme mamá!. Más fácil era que el chofer y las sirvientas hicieran bien las cosas y sin riesgos.

¿Porqué no se arriesgaron a dejarme llevar un paquete?.

Se les olvidó enseñarme a ser hombre. Ya a los 18 años se me caen las manos. A mi también me da vergüenza. Fíjate que en la Universidad nombraron a Roberto delegado del grupo. Dicen que tiene responsabilidad. A Juan lo nombraron coordinador de la excursión el profesor de historia. Y recibe las cuotas y da los avisos. Y a Robles lo nombraron capitán y está uniformando a su equipo, consiguió él mismo el 25% de descuento en los uniformes. Pero Robles desde chico lava el coche de su casa y arregla el jardín, y Roberto recoge a sus hermanas aunque llueva o tenga mucha flojera y tenga que entregar un trabajo y paga el gas y él compra sus zapatos.

También a Pedro, mi amigo que tu conoces, lo hicieron jefe de tareas y las recoge y pasa los promedios. Y a tu hijo lo dejaron sin paquete. Dicen que no tengo responsabilidad. Se te olvidó papá enseñarme desde chico a cargar paquetes y llevarlos aunque llueva, o tuviera flojera, o me enojara y les dijera que eran injustos. Se te olvidó contar conmigo. No quisiste arriesgar poco.

No me diste confianza gradualmente. No me fuiste dejando paquetes a la medida de mis años 5, 9, 12. Y no fue creciendo mi voluntad, se quedó raquítica con tantos pretextos, al sentirme yo un niño que no debía hacer nada.

Por favor papá y mamá, enseñen a Arturo mi hermano de 8 años a llevar paquetes número 8 y a Adriana de 9 sus paquetes de 9. Y no tendrán que decirles: "Eres un niño y un irresponsable con 18 años encima". Y llegará el momento en que ellos sepan llevar paquetes número 25 y 40.

Dicen que son paquetes : la vida, la familia, las relaciones con los demás, el colegio, el trabajo y la profesión. Y tantos paquete tirados en la calle. ¿Cuántos se cayeron de las manos con vergüenza?

No se les olvide papás de entrenar a ser hombre a Arturo y mujer a Adriana. Y no es tarea fácil, no es sólo asunto de cargar paquetes, sino saberlos llevar bien, con cuidado, amor y responsabilidad. Para que no haya tantos paquetes tirados en la calle, porque aun sin entrenamiento algún día tendrán que cargar sus propios paquetes del número: 20, 30 ó 50.