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29 jun. 2015

Relación entre padres e hijos adolescentes


  
  • Una buena relación entre padres e hijos consiste en respeto, comprensión, confianza y preocupación.
  • Podemos construir una buena relación con nuestros hijos adolescentes pasando más tiempo juntos, cumpliendo promesas, bromeando y valorando sus esfuerzos y puntos fuertes.
  • Los adolescentes que tienen una buena relación con sus padres tienen menos probabilidades de correr riesgos. 
Criar hijos adolescentes conlleva satisfacciones y desafíos. A medida que nuestros hijos crecen, adquieren una gran independencia. Eso es una parte normal y natural del crecimiento. Pero aunque esta independencia aumente, debemos mantener nuestra relación con ellos tan íntima como cuando eran pequeños. Todavía necesitan que los amemos, que los orientemos y que nos divirtamos con ellos. Además, podemos sentir mucha satisfacción y felicidad a través de nuestra relación con ellos.

A continuación, presentamos algunas preguntas y respuestas sobre cómo la relación entre padres e hijos puede ayudar a mantener a los adolescentes sanos y seguros, y sobre qué podemos hacer para construir una buena relación con nuestros hijos.

¿De qué manera tener una buena relación conmigo puede beneficiar la salud y el desarrollo de mis hijos adolescentes?
Existen muchas razones por las cuales una buena relación entre padres e hijos es importante para mantener a los niños sanos y seguros. Las investigaciones muestran que cuando tenemos una relación íntima con los adolescentes, existen menos probabilidades de que ocurra lo siguiente:
  • Meterse en problemas en la escuela.
  • Meterse en problemas por cuestiones como sexo, drogas, alcohol y tabaco.
Si mantienen una relación sólida con nosotros, los adolescentes tienden a aceptar nuestra supervisión, adoptar nuestros valores e ideales y seguir nuestras reglas, incluso cuando no estamos presentes.

¿Cuáles son las cualidades de una buena relación entre padres e hijos?
Los expertos coinciden en que las siguientes cualidades son las más importantes de una buena relación:
  • Respeto mutuo
  • Comprensión de los sentimientos del otro 
  • Ser capaces de sentir confianza en el otro
  • Sentir preocupación por el bienestar del otro
  • Conocimiento del otro: lo que le gusta, lo que desea, lo que le agrada y lo que le desagrada
En una buena relación, los adolescentes muestran respeto, tienen en cuenta nuestros sentimientos, confían en nosotros, se preocupan por nosotros y se interesan por nuestra vida. Por supuesto, todas las relaciones deben ser recíprocas. Por lo tanto, en una buena relación entre padres e hijos, también debemos mostrar respeto por los adolescentes, tener en cuenta sus sentimientos, confiar en ellos, preocuparnos por su bienestar e interesarnos en su vida. 

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9 jun. 2015

¿Podemos enseñar a los niños a tomar decisiones?


En una sociedad compleja y demandante es necesario fortalecer los valores: herencia sublime que le brindamos a nuestros hijos, para que sean su brújula en la toma de decisiones frente  a cada situación que se les presentan.
A continuación compartimos con ustedes el siguiente artículo:
Los padres deben preparar a los hijos para ser autónomos, enseñarles la libertad de decidir y fomentar en ellos la seguridad para afrontar las consecuencias de lo que elijan. Esta es una tarea que requiere esfuerzo, dedicación y constancia, pues a medida que los hijos y las hijas van creciendo también lo hacen sus responsabilidades y de la mano de éstas la necesidad de tomar decisiones.

La toma de decisiones por lo general, requiere de experiencias previas que nos orienten sobre la opción más acertada. A menudo, recurrimos a soluciones de acontecimientos similares que o bien hemos vivido y experimentado en primera persona, o bien hemos presenciado en otros, para actuar en consecuencia. Tratamos de hacerlo de la mejor manera posible, escogiendo la alternativa que consideramos más apropiada, la que, en situaciones similares, nos ha sido eficaz en el pasado. Sin embargo, los niños y las niñas no cuentan con experiencias previas que les puedan llevar a decantarse por unas alternativas u otras. Se enfrentan a acontecimientos nuevos  y requieren de una preparación anterior para poderlos abordar, de ahí la importancia de enseñarles la manera más correcta de decidir.

Tomar decisiones se convierte en una cuestión de actitud, en la medida en que posteriormente, debemos afrontar el resultado de ellas. De nuestra actitud dependerá no sólo lo que elijamos, sino la manera en que nos afecte el resultado.

Algunas recomendaciones para trabajar la toma de decisiones en niños y niñas son las siguientes:
1.      Conceder responsabilidades: es importante establecer en el hogar un reparto de responsabilidades en las tareas a realizar. Como hemos mencionado en alguna ocasión, la responsabilidad de éstas debe ir en función de la edad de los miembros de la familia. El reparto de responsabilidades es de vital importancia en la toma de decisiones pues cuando se asume una responsabilidad, derivada de ella surgen problemas a resolver, y  de esta manera se da un aprendizaje enfocado al abordaje y resolución de problemas.

2.      Trabajar la elección de alternativas y establecer prioridades: cuando el niño o la niña se encuentre en una situación en la que tenga que decidir entre varias opciones, debemos animarle a que contemple la elección como un reto al que debe prestar atención y tiempo. En este sentido deberá valorar cuáles son sus preferencias,  qué elecciones pueden encajar con ellas y cuáles no; y en esta tarea, los padres deben contribuir proporcionándoles apoyo, consejo, opinión y sobre todo estando dispuestos a escuchar las preferencias del niño/a. Así, en función de los intereses de éste/a se le debe orientar sobre la mejor opción. Sin embargo es muy importante, que pese a proporcionarle opinión y consejo, sea él/ella quien finalmente decida qué hacer, pues sólo así, estaremos fomentando su autonomía e independencia.

3.      Evitar la sobreprotección: en ocasiones, y sobre todo ante decisiones que pueden ser complicadas, los padres tienden a sobreproteger a sus hijos e hijas, lo que muchas veces les lleva a decidir por ellos/as. Este hecho puede llevar al niño y la niña a no equivocarse, pero también le privará del aprendizaje que implica el error (en caso de darse de haber decidido él/ella).

4.      Valorar el error: cuando ante una determinada decisión, el niño o la niña falle en su elección, no se le deben hacer reproches ni castigar por ello. Debemos tener siempre presente el valor educativo de los errores, pues éstos implican no sólo aprendizajes nuevos, sino que suponen experiencias previas útiles, que más adelante, podrán tener presentes ante situaciones similares. Por eso, ante un error se debe analizar con él/ella lo sucedido, comprobar dónde está la raíz de éste y asimilarlo para acontecimientos futuros.

 Teniendo en cuenta todo lo anterior y sobre todo aprovechando cualquier situación para ponerlo en práctica, niños y niñas pueden aprender a tomar decisiones y a afrontar las consecuencias de las mismas.

Poder decidir no sólo es de vital importancia para el desarrollo de su seguridad y autonomía, sino que además contribuirá a aumentar y reforzar su autoestima y confianza en sí mismo/a.

Mariela Clemente Martos. Psicóloga
@marielaclema