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13 dic. 2017

¿Por qué los niños deben dormir en su cama?


Los primeros siete meses o incluso hasta cumplir un año, es conveniente que el niño(a) comparta la habitación con los padres, por  la necesidad de cercanía y supervisión, pero desde el primer día es aconsejable que tenga su espacio, que puede ser una cuna cerca de mamá, pero no en la cama de los padres.

El sueño, como todos los demás hábitos, se aprende, por eso es importante que los padres ayuden a sus pequeños a entender lo importante que es desarrollar su individualidad, independencia y autonomía desde temprana edad. Si esto no se da, pueden surgir problemas para dormir, nadie puede descansar bien, además de ansiedad por la separación cuando ya los padres consideran que su hijo(a) debe dormir en su cama. 

Ambientar al niño(a) en su lugar, en su espacio, con sus cosas y en su cama es un trabajo difícil,  especialmente si antes se ha permitido que duerma con sus padres. El niño(a) se traslada constantemente durante la noche a la cama de los padres; especialmente si ambos trabajan, será difícil llevarlo(a) nuevamente a su cuarto dos o tres veces a lo largo de la noche.
Definir este límite resulta difícil y cansado ya que requiere de un trabajo constante por parte de la pareja. A pesar de lo agotador, la separación nocturna es sumamente importante para el desarrollo sano del niño, debido a que lo ubica en su posición dentro del sistema familiar y lo ayuda en el proceso de estructuración de su “yo” o de su individualidad. 

Motivos a considerar para no permitir que el niño(a) duerma en la cama de los padres:
*Darle su lugar. Dormir en su propio espacio evitará que el niño se confunda en términos de jerarquía, es decir, será más fácil entender e interiorizar quién tiene el poder en la familia y por tanto, a quién debe obedecer.

*Preservar la intimidad. La vida en pareja se ve perjudicada con la entrada de un tercero (niño/a) en la habitación por las noches. El que haya alguien más limita mucho la intimidad de la pareja.  Esto contribuye a que al niño no le llegue un mensaje claro sobre la pareja, por esta razón ellos no deben estar incluidos en los momentos de los adultos, sobre todo en los momentos nocturnos.

*Respeto. Si él duerme en la misma cama de los padres, ve la misma televisión, entonces tiene el mismo poder, por eso le cuesta más situarse en su posición de niño. Cuando esto ocurre se observa que los niños generalmente presentan dificultades para seguir instrucciones, obedecer a los adultos y negociar con sus iguales a nivel social.

*Modelos Claros. Los niños no logran tener una idea clara de la diferencia entre una pareja de padres y una pareja de esposos, lo que puede afectar el modelo que ellos adoptan y que probablemente ejercerán en su vida adolescente y adulta.

10 oct. 2017

La lógica del tiempo con nuestros hijos


Es evidente que nuestro contexto actual está caracterizado por la velocidad e inmediatez que han brindado los avances tecnológicos en nuestras sociedades. Por una parte, esto ha posibilitado el crecimiento en áreas científicas, industriales y empresariales que intervienen en la estructuración de la cultura. Es una realidad de hoy escuchar frases como “¡No tengo tiempo!; ¡Tengo que terminar un informe para ayer!”, que marcan el ritmo del día a día. Así mismo, desde las corrientes del campo de la psicología y afines, se establece que para consolidar lazos familiares y permitir un desarrollo integral de los niños y niñas, hay que dedicarle tiempo al hogar: ¿es posible esta paradoja hoy? En muchas ocasiones, los padres consideran que mientras más tiempo por reloj pasen con sus hijos están ejerciendo mejor el rol de padres. Durante su estancia con ellos siguen revisando sus celulares “porque hay que contestar correos del trabajo” o están en las redes sociales “para distraerse un poco del estrés laboral”. Suele ocurrir que los adultos creemos que los niños “no se dan cuenta”, “son solo niños”. 

Ha existido una tendencia a considerar a los niños como poseedores de pocas capacidades cognitivas y/o afectivas, para darse cuenta de lo que ocurre a su alrededor. Los niños toman de sus referentes parentales diversos aspectos (emocionales, de inter-relación, etc.) que matizan la construcción de su subjetividad y esperan de los padres una mirada, un gesto, una palabra significativa que permita darle orden, sentido y sostén al mundo al que se siguen adentrando y que resulta tan cambiante y enigmático. El tiempo para estar con nuestros hijos estará marcado por una lógica y no por una cronología: un tiempo afectivo que dé al niño y a la niña un lugar en su contexto familiar. Ese reconocimiento es lo que permitirá que todas las habilidades escolares puedan potencializarse, recordando que no hay aprendizaje sin deseo y sin afectos. 

Quizás no podamos cambiar el hecho de cumplir una jornada y un horario laboral pero lo que está en nuestras manos es llegar a casa y preguntar a nuestros hijos: ¿Cómo ha sido tu día en la escuela?, ¿qué descubriste/aprendiste hoy?, ¿tuviste alguna dificultad? También es posible disfrutar con ellos de una salida al parque o incluso compartir responsabilidades como ordenar algún lugar de la casa o limpiar el auto, es decir, que esta lógica del tiempo del compartir esté ligada con reglas y límites que, en muchos casos se obvian por el sentimiento de culpa que hace a los padres ilimitadamente consentidores. No hay amor y calidad de tiempo sin límites y es en la cotidianidad donde aparecen los signos de amor que los niños y niñas esperan de sus figuras de mayor confianza: sus padres. 

Elaborado Por:
Psic. Clin. Alvaro Rendón Chasi