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27 jun. 2018

Los niños de hoy: el tiempo y la socialización



La velocidad que marca nuestro diario vivir resulta una realidad en la que los adultos nos encontramos inmersos y ante la cual, por las diversas exigencias culturales, no podemos escapar. Nos acostumbramos a que todo suceso diario debe ser gestionado en la menor cantidad de tiempo puesto que, el mismo tiempo no alcanza. ¡Cuántos de nosotros hemos repetido la frase de no tener tiempo! Realidad palpable en los contextos escolares, en la socialización familiar y hasta en la práctica clínica. Para algunos niños, que al parecer no son pocos, sus padres o los adultos que los acompañan en el crecimiento dentro del hogar pueden convertirse en personajes que aparecen por breves lapsos de tiempo durante las noches o surgen fugazmente luego de colocarse offline en sus aparatos electrónicos. Aunque nos resulten incómodas estas verdades se constituyen en estructurantes de nuestra sociedad hiperconectada

¿No les resulta paradójico pensar que en la época donde los medios electrónicos nos mantienen online las 24 horas se constituye en la misma época donde los graves problemas de comunicación y del lenguaje en la subjetividad infantil se encuentran en un número estadístico elevado? Solo para revisar ciertos datos, en Estados Unidos de América se ha establecido que los casos de autismo se elevaron en los últimos años con un registro de 1 de cada 59 niños de 8 a 11 años de edad según el Informe Semanal de Morbilidad y Mortalidad (MMWR) de los CDC (Centros para el control y la prevención de enfermedades)[1] en el año 2014. 

Observando a nuestras sociedades hoy, parece que no hay mucho espacio para los vínculos humanos y, aunque parezca lo contrario, mientras más hiperconectados por las nuevas tecnologías, más solos. La humanización se produce por la presencia de los otros en nuestras vidas: el deseo de nuestros padres que se concreta en los tiempos compartidos en cada etapa del crecimiento de sus hijos como las visitas al parque, las salidas a una cena, las películas juntos, las emociones varias por las primeras palabras que articula el niño, los primeros pasos al intentar caminar junto a los sustos por las caídas. Resolver la demanda infantil, que siempre es demanda de amor hacia sus padres, con un aparto electrónico para que se “distraiga” o “no moleste” lo único que agrava es la frágil entrada del niño y la niña a la cultura. Los exploradores infantiles se abrirán al descubrimiento del mundo a través de una transmisión sostenida en el deseo de sus padres, un deseo que se construye con el lugar que ocupa ese hijo en la vida de esa familia: el nombre que le hemos colocado, los sueños que se vierten sobre él o ella, las historias que se narran incluso antes de nacer. Por estas razones, al ser sujetos de la palabra, el lenguaje de nuestros padres nos antecede y pueden llevarnos a la vida pero también a los rincones más mortíferos de la complejidad humana. 

Todo acto de amor es una responsabilidad porque en el amar existe una implicación decisiva de ceder algo de uno mismo. Para quienes deseen ingresar al mundo de la paternidad y maternidad será necesario cuestionarse si se está dispuestos a tomar el acto de amar con la responsabilidad que implica hacer surgir a un sujeto humanizado, niño o niña, lugar y función que nunca podrán ser sustituidos por un aparato electrónico. Para quienes ya son padres valdría la valentía revisar en nuestros actos si la presencia de cada uno posibilita que nuestros niños y niñas puedan vincularse a la vida, hecho que se constata en lo que cada hijo e hija puedan decir de las experiencias significativas que comparten con sus padres. En el mundo de hoy, conectarse a los vínculos humanos resulta un acto de amor.

Por: Psic. Clín. Alvaro Rendón Chasi



[1] Puede revisar la información en: https://www.cdc.gov/spanish/mediosdecomunicacion/comunicados/p_prevalencia-autismo_042618.html

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