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21 ago. 2012

Como formar hijos emprendedores



La sociedad actual se caracteriza por el cambio y el cambio parecería ser lo único permanente en la sociedad. 

¿Cómo preparar a los hijos a enfrentar una sociedad del futuro cuando las placas tectónicas de sus cimientos subterráneos están en constante movimiento?

¿Será este escenario incierto, la antesala de un proceso en constante gestación, que convoca hoy más que nunca a la innovación y al emprendimiento?


El rol que juega la educación es determinante a la hora de formar a un niño para que desarrolle capacidades que lo encaramen a objetivos claros que les permitan en la vida adulta arribar a esa otra orilla de resultados y metas exitosas.

Pero el éxito es un camino cada vez más empedrado plagado de retos íntimamente ligados a la creatividad, que es el motor detonante para reinventar, una y otra vez, nuevas perspectivas que desfasan a las ideas tradicionales, por su originalidad ante la respuesta de solución para un determinado problema. Necesitamos entonces, hijos que piensen diferente, que se atrevan a cruzar la frontera de la inercia cotidiana con esfuerzo, voluntad, imaginación y liderazgo, teniendo al conocimiento como un eje transversal necesario; que no se quede rezagado en el dogma teórico, sino que trascienda a la funcionalidad práctica del quehacer humano.

La batalla no es fácil en el contexto de una sociedad hedonista que invita a zambullirse en la piscina del tibio placer, donde los seres más vulnerables son precisamente los que están en proceso de formación.  Por ello, los padres y educadores, necesitan unir sinergias en una misma dirección constituyéndose en referentes coherentes e inclaudicables frente a la irracional tendencia deshumanizante del mundo light, anteponiendo una racional exigencia a prevalecer en la esencia del valor, e inyectándoles confianza a través de un buen sistema de estimulo a sus capacidades, el mismo que contribuya a construir un positivo autoconcepto de sí mismos, fortaleciendo su autoestima, su voluntad y su carácter, de manera que aprendan a tomar decisiones sin miedo a equivocarse, para que puedan más tarde asumir riesgos.


Tienen que tomar riesgos a su debido momento, y debemos permitir que lo hagan; aunque nunca estemos preparados para ese despegue, porque íntimamente quisiéramos seguir en la dirección del volante, pero debemos reubicarnos en el puesto de copilotos para acompañarlos y apoyarlos moral y si es preciso, financieramente, motivándolos a que puedan perseguir sus propios intereses y crear sus propios proyectos. Necesitamos a la par,  un sistema de educación que cuidando de no caer en el academicismo permita el libre desarrollo de las iniciativas individuales; fomente la capacidad de análisis y critica otorgando espacios reflexivos para la indagación personal, de manera que no caiga en el peligro de domesticar o atrofiar los resortes de la imaginación y el espíritu de emprendimiento que tienen como antesala a la innovación y el liderazgo.

Un sistema de educación abierto que no enclaustre el pensamiento;  y que por el contrario,  abra las puertas a la cosmovisión para vislumbrar nuevos horizontes. No podemos formarlos para que sean herederos o continuadores del modelo, sino para que rompan paradigmas; y sólo podrán hacerlo, con el equipaje que van cargando en su personalidad, donde la capacidad de innovar fluirá diáfana en algunos casos; o con mayor dificultad en otros, según sus características propias,  en tanto dicho equipaje contenga a las demás prendas como prerrequisitos, para que la audacia del riesgo y la innovación den a luz un espíritu emprendedor.


Susana Salcedo de Egas
Directora General
Logos Academy

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